Acerca de Julián Centeya.


Nació en 1910; en Italia, en Parma, donde lo bautizaron Amleto Vergiati, un nombre que habría de quedar ecipsado por el de Julián Centeya.


Guardo de él una visión muy nítida. Lo conocí en Coghlan, en una casa ubicada en el pasaje Sócrates 3045, donde vivía rodeado de gatos, de libros desparramados por el piso y de amigos. Allí lo vi manuscribir prolijamente sus versos, ignorando siempre al pianito de escribir.

Una tarde, mientras planchaba una de sus camisas, me dijo: -Como usted puede ver, yo solo, soy un matrimonio.

Por un suceso que ahora, sin duda, considero desprovisto de importancia, dejamos de tratarnos durante casi seis años. La vida dispuso después que volviésemos a encontrarnos, pero esta vez en una clínica de mi barrio, Villa Urquiza. Dialogamos como si nada hubiese ocurrido, es decir, como dos viejos amigos. Lo visité una segunda vez, proyectamos realizar juntos una Antología sobre poetas carcelarios y tres días después supe que había abandonado su internación sin esperar el alta médica. El infarto terminó con él. Eso fue el 26 de julio de 1974.

Y así lo sigo recordando: impulsivo, hablando a golpes de inspiración, con voz entrecortada y como atropellándose por la urgencia de expresar sus ideas. Todo él era una emoción... una tristeza... una soledad.

¡Si hasta me parece oírle decir!: “De noche me pongo la chalina del viento y recorro esta ciudad que prepotentemente la hice mía…”


Julián Centeya habla sobre Luis Alposta y recita "Ante un ahorcado" (L. Alposta).




 
 
 
 

             
 
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