Acerca de Juan Carlos La Madrid.

   

Primera cualidad de La Madrid
: una franqueza detonante, poco común, que golpeaba las verdades con sus puños entre trago y trago. Segunda: se mostró siempre auténticamente apasionado en todo lo que emprendía.

Este Francoise Villon nuestro, fue un poeta que llevó dentro de sí la locura de una multitud; que vio con su “ojo cámara” tantas noches y tantas madrugadas; que frecuentó boliches y garitos y que fue amigo de “obreros, de giles y de chorros”, de hombres de tango y de poetas de la calle con quienes compartió el estaño y la aventura de vivir.

Alguna vez, siendo su médico de cabecera, y sin dejar por eso de compartir con él el vino amigo en su moderna "corte de los milagros", en una vieja casa de Saavedra, entre punguistas y hombres con frondosos prontuarios, le pedí unos versos para incluir en mi Antología del soneto lunfardo. Me escribió dos: De frente I y De frente II. La Madrid ya estaba ciego.

Y en De frente II hablaba por primera vez de su ceguera:



Embroyado de ayer, todo de olvido,
guiyó la magia de no ver las cosas,
y escolasa al misterio las furiosas
recordaciones de su tiempo herido.

Su tiempo de la gloria que se ha ido
capeándole los ojos y las rosas,
aquellas de mañanas luminosas,
Milton en lunfa para lo perdido.

Ya no arrebata bancas a la luna,
pero sale a ganar y desafía a la contra
que cincha dando juego.

Las tuvo todas, se quedó sin ni una
más que su pena y la sabiduría
de esperanzar la vida estando ciego.


(Elegía para un pistolero muerto, de y por Juan Carlos La Madrid)
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