Acerca de Discépolo ( I ).


Hablar de Discépolo es hablar del autor que mejor ha expresado la angustia y el desamparo del hombre de su tiempo. Es hablar del vate que nos transmitió una filosofía escéptica y una desencantada concepción de la vida. Y es hablar, también, de uno de los raros letristas del tango en los que se advierten instancias religiosas, tan exaltadas como para asumir matices de vituperio, aunque sin llegar a la blasfemia.

Por eso, los porteños nunca hemos tenido necesidad de recurrir a otras letras que a las de Discépolo, a la hora de expresar la orfandad o la impotencia ante las injusticias sociales o el desamor; y podemos, a través de ellas, dar cabal expresión a las circunstancias adversas que nos han tocado y nos siguen tocando vivir.

Con sus letras, buceando en la psicología del hombre de la ciudad, Discépolo nos dejó una metafísica del espíritu porteño y una síntesis dramática de la realidad.

La suya es una poesía de rechazo del mundo corrupto, rechazo sostenido por un único testigo: el puro, el inocente, el desprotegido, el “apartado”. Todos ellos parecieran ser la proyección de la imagen ideal del poeta mismo, que se convierte así en el personaje central, testigo pero a la vez víctima del proceso de la corrupción.

La secreta luminosidad de sus tangos sigue siendo un refugio de privilegio para la fraternidad de los solitarios, que tiende a incluir a todos los hombres, ya que el destino final del hombre de hoy parece ser la soledad.

En el mes de su natalicio (27 de marzo de 1901), así lo seguimos recordando: profundo y filosófico, sarcástico y tierno.


(Yira Yira. Letra y música de Discépolo. Canta Carlos Gardel).
Audio (click con el mouse en el triangulo de play):




 
 
 
 

             
 
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