Buscan revertir la “mala fama” del plástico
Expertos del plástico resaltan que se trata de uno de los materiales más seguros para el ambiente y que sin embargo su “mala imagen” se debe en gran medida a un problema político de gestión integral de residuos. Por eso, trabajan para desenmascarar los mitos y contribuir a reducir el impacto ambiental desde su manufactura hasta su desecho.
 

El plástico se aplica en infinidad de productos. De hecho, se lo puede encontrar en todas las góndolas de un hipermercado: desde textiles hasta envases de alimentos, pasando por herramientas, electrónicos, jardinería, elementos para la construcción, juguetes, artículos de bazar, limpieza, farmacia o librería. Y ni que hablar de las bolsas plásticas al terminar las compras.

Su uso extendido se debe a que es dúctil y puede clasificarse en siete grandes categorías con cualidades diferenciales y aplicaciones específicas. Su obtención es relativamente económica pero se sabe que encarecerá sus costos a medida que su principal materia prima, el petróleo, se agota.

Asimismo, el plástico es resistente y práctico en comparación con el vidrio, el metal o el cartón, lo que es una ventaja para fabricar envases pero un inconveniente cuando se habla de su desperdicio que, según estimaciones del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Universidad de Buenos Aires y la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estados, ronda el 20% del total de los residuos sólidos urbanos.

Dado que puede tardar siglos en degradarse naturalmente, el viento y el agua arrastran los residuos plásticos hasta lugares impensados. Biólogos del Programa Regional de Investigación y Conservación de Tortugas Marinas de la Argentina (PRICTMA) descubrieron restos de nylon y tapas de gaseosas en el estómago de tortugas y aves que habitan el Mar Argentino, que confundieron los desechos flotantes como su alimento y perecieron. Por estos motivos, los científicos y empresarios del sector buscan alternativas.

Una de ellas es el reciclado. La empresa Cabelma anunció que instalará la primera planta recicladora de polietilenotereftalato en la Argentina, capaz de transformar las botellas PET usadas en insumo para nuevas botellas, a un costo competitivo. El complejo de Cabelma estará en General Pacheco, en el Gran Buenos Aires, y se nutrirá de las cooperativas de cartoneros que le venderán las botellas previamente clasificadas y acopiadas.

Según Carlos Briones, vocero de la compañía, “anualmente se consumen 180.000 toneladas de PET” en todo el país, de las cuales “se reciclan menos del 30%”. Dicho reciclaje suele derivar en productos textiles o de limpieza o en lo que se denomina “madera plástica”, por ejemplo, para fabricar postes de iluminación. En todos los casos el beneficio es múltiple porque se reutilizan residuos, genera fuentes de trabajo digno y evita explotar nuevos recursos naturales.

El dato brindado por Briones a su vez expuso que alrededor de 130.000 toneladas de botellas PET terminan a la intemperie o se entierran en los rellenos sanitarios sin ningún aprovechamiento. Cabelma, de este modo, contribuirá a achicar ese número, aunque dependerá de la separación del plástico que haga cada habitante en su casa y trabajo, y de la consecuente recolección diferenciada. Por otro lado, la planta no involucrará a los otros seis tipos de plásticos.

Plásticos modificados
Greenpeace impulsa la Ley de Basura Cero cuya meta es reducir gradualmente el enterramiento de los residuos reciclables o reutilizables –como el plástico– hasta llegar a cero en el año 2020. Lorena Pujó, responsable de la campaña en dicha ONG, explicó que para lograrlo proponen como uno de los pilares fundamentales “extender la responsabilidad al productor” de modo que a través de incentivos “diseñe el producto de tal forma que sea más fácil su reciclado, tenga mayor vida útil o menor impacto ambiental en la disposición final”.

En ese sentido, la asociación argentina ECOPLAS que agrupa a las industrias petroquímica y del plástico, publicó bibliografía sobre los plásticos biodegradables, es decir que pueden desintegrarse por descomposición aeróbica o por la acción de microorganismos en el ambiente. Uno de los más conocidos es el ácido poliláctico (PLA) que “está basado 100% en el almidón de maíz, trigo o papas” y se utiliza para “producir blíster, bandejas y películas”, entre otros usos. No obstante, su producción en la Argentina es muy cara, por ahora de manera experimental sobre todo para envolver alimentos orgánicos de exportación.

La biotecnología también hace su aporte al sector. El CONICET, de la mano de la doctora Beatriz Méndez y su equipo, patentó bacterias modificadas que permiten producir un plástico llamado polihidroxialcanoato (PHA) con menor necesidad energética, a partir de un residuo de la elaboración del biodiesel.

También están los plásticos que según su factor descomponedor son foto-degradables (con los rayos ultravioletas del sol), oxo-degradables (con aditivos químicos), o solubles al agua (más comunes en adhesivos o pinturas). Por otro lado, en Europa se anunció el lanzamiento de botellas con un 25% de plástico reciclado y 20% de plástico vegetal biodegradable derivado de los desechos de la caña de azúcar, que reducen así un 16% las emisiones de carbono del envase en todo su ciclo.

Respecto de estas tecnologías, autoridades de ECOPLAS advirtieron que “es un mito que la biodegradación sea la solución para todos los males ambientales” ya que en el final de su vida útil “también implica impactos”. En efecto, desde la división Plásticos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial aclararon a Notio que sería necesario contar con un biodigestor que permita captar el dióxido de carbono o gas metano que surge de su descomposición y que contribuyen al calentamiento global.

En ECOPLAS mencionaron también que los productos mixtos o más sofisticados mejoran su funcionalidad pero a la vez dificultan su reciclaje. Para tratar sus desechos, la opción más redituable suele ser la incineración con recuperación de energía, un mecanismo rechazado por las organizaciones ambientalistas que consideran que libera dioxinas cancerígenas al ambiente.

Por ello, representantes de ECOPLAS e INTI-Plásticos coincidieron en la importancia de planificar una gestión integrada de los residuos, acorde a cada contexto y que contemple el impacto ambiental del plástico desde la extracción de la materia prima, pasando por su fabricación, distribución y consumo hasta su descarte.

Por lo pronto, los consejos más a mano para el consumidor son reutilizar los envases y separarlos para propiciar su reinserción en la industria. Para profesionales que deseen estudiar más a fondo el tema, el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental ofrece un posgrado de Especialización en Tecnologías e Impacto Ambiental de Materiales Plásticos.

Fuente: Pamela Sioya-Notio.





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